Niñas y niños en un mundo urbano: Derechos negados, oportunidades desperdiciadas

Se avecina rápidamente el día en que la mayoría de los niños y niñas del mundo crecerán en zonas urbanas, tal como ya lo hacen más de 1.000 millones de ellos. Muchos de estos lugares se ven divididos por las desigualdades en el disfrute de los derechos, la distribución del poder y recursos y en lo más profundo, las posibilidades de los niños y niñas de seguir vivos y salir adelante.

Como señala UNICEF en el Estado Mundial de la Infancia 2012: Niñas y niños en un mundo urbano, la desigualdad urbana nos enfrenta a diario. Cientos de millones de niños, niñas y jóvenes padecen privaciones y vulnerabilidades en los mismos centros urbanos que albergan las élites comerciales, políticas y culturales. Son demasiados los niños y niñas que pasan sus días buscando algo que vender entre las basuras o fabricando ladrillos para los hogares de otras personas. Sus noches las pasan en viviendas improvisadas bajo la amenaza del desalojo forzado o en la calle.

En teoría, los niños y niñas que viven en la pobreza en zonas urbanas cuentan con todos los derechos económicos, sociales, civiles, políticos y culturales que reconocen los instrumentos internacionales. De ellos, el que ha sido ratificado más rápida y ampliamente es la Convención sobre los Derechos del Niño. En realidad, estos niños y niñas padecen las peores condiciones y son los habitantes de ciudades más necesitados. Es decir, se afrontan a las mayores violaciones de sus derechos.

Y las violaciones empiezan desde el primer día.

En teoría, cada niño tiene el derecho a ser inscrito al nacer y tener un nombre, y el derecho a adquirir una nacionalidad y a conservar su identidad. En realidad, más de uno de cada tres nacimientos en las grandes y pequeñas ciudades del mundo quedan sin ser inscritos. En las zonas urbanas de África subsahariana y  Asia meridional, no se inscribe casi uno de cada dos. Los niños y niñas carentes de una identidad oficial resultan invisibles, por lo tanto, están mucho más expuestos a la explotación y maltrato, por ejemplo, al verse obligados a participar en un grupo armado, trabajar en condiciones peligrosas o a contraer matrimonio a temprana edad. Aun para los niños y niñas que evitan estas dificultades puede resultar imposible tener acceso a servicios vitales como la educación.

Contar con un certificado de nacimiento no garantiza el acceso a los servicios ni a la protección contra los abusos. Pero las obligaciones que encierra la Convención fácilmente pueden pasarse por alto cuando se considera, a todos los efectos, que asentamientos enteros no existen y las personas pueden ser despojadas de sus derechos como ciudadanos por falta de documentos oficiales.

En teoría, cada niño y niña tiene el derecho a sobrevivir y desarrollar hasta alcanzar todo su potencial. En realidad, casi 8 millones de niños murieron en 2010 antes de llegar a la edad de 5 años a causa de la neumonía, la diarrea y las complicaciones durante el parto. Los niños que viven en asentamientos urbanos improvisados, hacinados e insalubres, como son los barrios marginales, son especialmente vulnerables. En Bangladesh, datos de 2009 arrojan que la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años en los barrios de tugurios es un 79% más alta que la tasa urbana nacional.

Según establece la Convención, cada niño y niña tiene el derecho a una educación. En realidad, los niños y niñas provenientes de zonas urbanas pobres están en desventaja y es así desde muy pequeños. Aunque el 25% de los niños y niñas en las zonas urbanas de Egipto asistieron a centros de enseñanza preescolar en 2005-2006, apenas el 4% de los niños en los hogares más pobres disfrutaron de acceso a este servicio.

Entre las violaciones más generalizadas a los derechos de la infancia se encuentran las condiciones de vida inadecuadas. Carecer de una vivienda decente y segura, así como de la infraestructura para sistemas de abastecimiento de agua y saneamiento condena a millones de niños y niñas en zonas urbanas a deficiencias de salud, un desarrollo físico o mental caracterizado por la desnutrición crónica o a la muerte. Incluso a las personas con documentos de identidad se les niegan acuerdos de alquiler apropiados u otros medios de protegerse a sí mismos y a sus hijos contra el desalojo arbitrario. Como observan colaboradoras en el presente informe, las mujeres y los niños y niñas a menudo han de trabajar cerca de sus viviendas para estar a la mano en caso de que el propietario o las autoridades locales aparezcan con excavadoras o matones a sueldo. Cuando se elimina la amenaza constante del desalojo forzado, los niños y niñas comienzan a ir a la escuela y los padres se sienten más seguros para realizar inversiones en viviendas adecuadas.

Evidentemente, otorgar una tenencia segura a familias que viven en asentamientos improvisados debe ser una prioridad. La inscripción de nacimientos se debe ofrecer a todos, al igual que los servicios deben alcanzar a todos los niños y niñas, sin importar si tienen o no alguna hoja de papel u otra. Los niños no deben ser sacrificados en el altar de la burocracia,  ni ha de usarse esta como ardid con la cual privar a los niños de sus derechos.

En teoría, entre los derechos de los niños y niñas está el de participar en la formulación de decisiones que les afectan a ellos y a sus comunidades. En realidad, se les niega este derecho, sobre todo si da la casualidad de que son pobres o vienen del barrio o la comunidad étnica equivocados.

La representación y la participación son derechos, pero si con esto no basta, el informe proporciona ejemplos de varias ciudades que demuestran que cuando se han incluido a los excluidos en los procesos de planificación urbana y toma de decisiones, esto ha dado paso a avances, por ejemplo, en el alfabetismo, la infraestructura y la seguridad. En el informe, se recomiendan formas en que los gobiernos, donantes y organizaciones internacionales pueden promover una gobernanza y vivencias inclusivas para provecho de todos, empezando por los niños y niñas.

Este punto no debe dejar de hacer eco en aquellos predispuestos a los argumentos instrumentales, puesto que la negación del derecho a participar excluye a quienes más tienen en juego, y a menudo los que más pueden ofrecer, del proceso de hallar soluciones que mejoren sus vidas y las de tantos otros.

El autor de este blog, Abid Aslam, es director del informe principal del Unicef, ‘Estado Mundial de la Infancia’. Foto: Una niña en Kirkuk, Iraq, arrastra la chatarra que su familia va a utilizar para reforzar su hogar: un pequeño espacio con cortinas en lugar de paredes, situado en el piso superior de un antiguo estadio de fútbol. © UNICEF/NYHQ2007-2316/Michael Kamber

Las opiniones expresadas en este blog son del autor, no reflejan necesariamente la posición oficial de CESR.


Posted by Abid Aslam on February 29th, 2012